miércoles, mayo 04, 2011

Reflexiones sobre la Diversidad Cultural

En nuestro Curso "Cultura y Ambiente" hemos venido reflexionando sobre la importancia de reconocer y valorar la diversidad cultural colombiana, la cual se puede considerar como una potencialidad ambiental y una ventaja comparativa de nuestro país.
A continuación presentamos la reflexión que al respecto hace Daniel Hernán Santiago, estudiante de la Maestría en Administración y alumno de nuestro curso:

Es una verdad manifiesta, para toda la humanidad, el problema que viene padeciendo
nuestro planeta. La crisis ambiental, que cada día cobra mayor importancia, ha empezado hasta ahora a tocar la conciencia de los más poderosos y a mostrarles que esto no da espera. Si bien, gran parte de la solución al problema está en la voluntad de los dirigentes políticos y económicos del mundo, no hay que dejar de lado la importancia de que cada individuo empiece a tomar conciencia de su papel como hombre terrestre y de lo que puede hacer para darle una mano a la tierra.

Es en este contexto del hombre planetario, que el artículo "Diversidad cultural, una experiencia colombiana" apunta al particular caso de tres grupos indígenas colombianos que, en un diálogo de saberes con los investigadores, deja ver inmediatamente su compromiso con el equilibro sociedad-Naturaleza.
El artículo empieza por caracterizar los grupos indígenas que hacen parte de la investigación, es decir, Inga del Putumayo, Iku (Arhuacos) de la Sierra Nevada de Santa Marta y Wayú de la Guajira. Grupos que se asemejan entre sí por el arraigo que tienen en sus comunidades, las tradiciones, el respeto por la naturaleza como madre protectora y proveedora, y la mística relación con ella a través de los sabedores, aquellos reconocidos personajes en la comunidad que adquieren el papel de puente en la relación individuo-sociedad-naturaleza.

Es ahora momento de entrar en lo conceptual, de ver cuál es esa perspectiva que se debe tomar a la hora de tratar los temas ambientales y aquí, dirá la profesora Olga, lo ambiental se vuelve un sistema complejo de relaciones, donde la cultura y el ecosistema interactúan en una relación dialéctica ,que solo es entendible desde esa perspectiva. Al respecto Valdés O. (2001) explica como “el medio ambiente es un sistema complejo, íntegro y único que debe estar en pleno equilibrio”; y Novo M. (1996) resalta que no puede dejarse de lado la naturaleza sistémica del medio ambiente, de manera que “el enfoque sistémico se impone así como un modelo interpretativo que permite comprender las interdependencias que se dan en el mundo de lo vivo (donde)…la interdisciplina se impone así como una exigencia que parte de la propia naturaleza compleja del ambiente, de modo que nuestro trabajo tendrá mayor sentido y resultará más rico en matices en la medida en que podamos realizarlo en el ámbito de la diversidad que aportan las diferentes disciplinas.

En este medio de diversidad cultural, las perspectivas definidas por la tradición de cada comunidad indígena entran en juego con los conocimientos adquiridos en la academia; se presenta la educación ambiental como estrategia para generar los cambios sociales y culturales en pro del desarrollo integral. La profesora Olga Bermúdez expone como la investigación realizada busca precisamente generar estrategias educativas que tengan sus bases en el respeto a toda forma viviente, el cambio cultural y la esperanza para las generaciones del futuro venidero. Un cambio de mentalidad lo suficientemente fuerte para que occidente aprenda y comprenda la importancia de integrar lo ambiental y lo social, para que entienda que hombre, sociedad y naturaleza son conceptos enlazados y articulados como un sistema complejo, y que solo entendiendo este contexto de relaciones, se puede tener un buen punto de partida para la protección ambiental.

Conocer el origen, de donde se viene, reconocer la tierra y la naturaleza como madres creadoras del individuo, es el camino correcto que lleva a tener conciencia del carácter de hombre planetario que debe tener cada individuo. En este momento es oportuno resumir a Novo M. (1996), para quien la educación ambiental debe apuntar a cinco principios básicos:

1. Equidad, basada en el principio de que «no existe mayor injusticia que tratar como iguales a los desiguales».
2. Transformaciones humanas y sociales, aplicadas al sistema mundial que “en su
conjunto, requiere, desde esta óptica, una orientación transformadora hacia un
nuevo paradigma interpretativo de las relaciones humanidad-naturaleza”.
3. Interdependencia, considerando el planeta como un “ámbito de interdependencias
en el que todo lo que sucede en una parte repercute en la totalidad del sistema“.
4. Diversidad, “no sólo en el plano biológico, sino reconociendo también la diversidad cultural como un elemento esencial de la «biodiversidad»”.
5. Educación, una “educación ambientalmente informada, que contribuya al
esclarecimiento de la crisis desde la búsqueda de sus causas profundas”.

A manera de conclusión, y con el fin de dejar en el lector la inquietud preponderante sobre el tejido que debe existir entre el individuo, la sociedad y la naturaleza, el argumento de Valdés O. (2001) es el cierre perfecto, al precisar que: “La educación ambiental como proceso educativo, no puede por sí sola, lograr la protección del medio ambiente. La protección ecológica requiere y necesita de una voluntad y acciones políticas, económicas y sociales; no es posible la protección de los ecosistemas naturales, sociales, históricos y culturales sin eliminar la pobreza y erradicar el hambre, sin garantizar la educación, la cultura y la salud de la población, así como eliminar los conflictos bélicos, el terrorismo de estado y otros problemas globales que ocasionan tragedias de muertes y graves pérdidas que afectan la calidad de vida. En muchos países y regiones, se concibe la protección ambiental, como un proceso para la conservación solamente de los recursos naturales, y no se ha logrado incorporar la conservación de los componentes históricos, culturales y sociales, pero la atención y protección del hombre-principal integrante del ambiente -, y su calidad de vida, no se incluye, en ocasiones, en la protección ambiental.”

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